miércoles, 8 de abril de 2020


El fumador, que fuma poco pero se alegra con cada pitada lenta, sobre todo en las tardes, siempre pensó que eso tendría que pasar cuando llegara a los 75, a los 80. Un día le dirían que se acabó y acataría. Mientras tanto, cada vez que viajaba aprovechaba de comprar sus puros favoritos, los que no se encontraban ni en el barrio ni en ningún otro barrio.
Ahora, aeropuertos vacíos y vuelos cancelados, miraba cada caja que había acumulado. Tres, dos, la última. Ahora era ese día en que se terminaban.

martes, 31 de marzo de 2020


Ella escribió "Echo de menos los cuerpos y el abrazo". Él pensó que era el suyo y la llamó enseguida.

domingo, 29 de marzo de 2020


Una nueva forma de silencio
En la noche, incluso antes del toque de queda, las calles se quedan en silencio. En un casi silencio en realidad, porque no falta el vecino lejano que sigue con su música, el que estornuda como un desafío, el diplomático del sexto que habla con los amigos que lo escuchan desde su propio encierro a miles de kilómetros. Más tarde, solo quedan ladridos, los de los perros que pasean sin permiso o se pelean desde sus balcones por un lugar que no les pertenece.
A esa hora, en la noche, son ellos los que mandan.  


Una ciudad imposible

Si no hubiera sido por los vuelos cancelados, hoy debería haber estado en otra ciudad, en un departamento de una calle triste por la que pasan pocos. Una calle olvidada, a espaldas del turismo y de los mapas, sucia, a la que solo llegan algunos solitarios que se juntan y se escuchan o no, comparten lo que pueden o un silencio. ¿Quién estará sentado ahora en ese banco de las tardes, sabiendo del peligro o sin saberlo?