sábado, 14 de marzo de 2020
Todas las tardes a la
misma hora bajan los tres al patio. La mamá encumbra la pelota y grita “¡Viva!,
¡viva!”. Joaquín la ve dar un rebote y no se mueve. El papá eleva la pelota con
la punta del pie y grita “¡Ahí va!” sin dejar de mirarlo. Joaquín la ve venir
despacio y retrocede. Los papás gritan “¡Ahora tú, campeón!”. Joaquín la sigue
con los ojos cuando baja y se acerca, pero ni se adelanta ni la busca. A veces
llora cuando vuelven a la casa, siempre a la misma hora.
jueves, 30 de enero de 2020
Antes de que empiecen a chillar
los loros importados, hay una hora en que cantan los gorriones y zorzales; una
hora abierta, de silencio y luz gris en el verano. Una hora en la que esto
podría ser ciudad o campo, un espacio sin nombre. Después vendrán los autos,
los que traen el diario en una moto que dejan con el motor andando, los perros
que pasea siempre alguien apurado. Los loros que se pelean las puntas de los árboles.
sábado, 18 de enero de 2020
De vacaciones
Faustino, que tiene un nombre
grande para sus dos años y medio, grita cuando le pasan las papas fritas, cuando
inmediatamente las escupe, cuando quiere mostrar ese pájaro nuevo que baila en la
ventana. El padre mira lo que tiene en el plato con la cabeza hundida; la madre,
a su otro hermano. Faustino grita con un grito puntudo y exigente. Solo conoce dos
sonidos: sus gritos y el silencio.
viernes, 3 de enero de 2020
Al sur, es una plaza que es apenas un
triángulo, apenas verde en el verano y una mínima placa. Al norte, es un silbido
que empieza con el sol y sigue hasta la tarde; un silbido parejo del que se
quejan los vecinos, más fuerte que la música de los autos que pasan por debajo;
un silbido de viejo que no sale al balcón y que nadie conoce.
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