Cuando vuelvas a ir, usarás una talla más de ropa y por primera vez, te resignarás a las odiadas zapatillas en lugar de zapatos. No te importará ir con calcetas gruesas, con una bufanda chillona y abrigada que no combina muy bien con el abrigo. El viento será el mismo que hace llorar de frío; la indiferencia de los que esperan en el paradero la misma que recuerdas. Pero te alegrarás más que nunca en esas calles.
martes, 16 de febrero de 2021
viernes, 5 de febrero de 2021
Por recomendación del oculista, hace una pausa cada veinte minutos, mira a unos cinco metros de distancia y parpadea. En los pocos segundos del descanso, descubre una cortina que baila con ese viento raro que baja por las tardes a pesar del calor. Descubre un patio lleno de niños, descubre una piscina improvisada.
Deja la cubetera apoyada en el borde, para ir sacando hielos y agregarlos al jugo, por si sirviera de algo en esa tarde calurosa. Poco después, un golpe: la cubetera en el suelo, hacia abajo como las tostadas que caen siempre sobre el lado donde va la mermelada, y rodeada de agua.
Un par de gotas y nada más que
un par de gotas de hielo derretido deben de haber sido suficientes para que el
plástico perdiera el equilibro. A veces, cuando sale a la calle, se pregunta
dónde están esas gotas, en qué cruce, en qué almacén, ¿en el botón del
ascensor?, ¿en la manilla?.


