domingo, 1 de febrero de 2015

Agradezco no el calor del verano,
sí las calles más solas y cordiales. 
No la imagen del hombre en la vereda,
sudoroso, que vende fruta fresca;
sí el espacio casual
entre la ira

de tantos otros meses.

domingo, 11 de enero de 2015


Lo único que le daba algo de alivio en la silla de ruedas después de dos operaciones a la columna era pasarse horas viendo cine; acordarse del director ruso que dijo "el arte no habla de lo que somos sino de lo que podríamos ser”.  Y entonces caminaba.

jueves, 1 de enero de 2015


Después de la primera convalecencia, lo primero que recuperó fueron los pájaros, la luz y los reflejos de la calle.  Mucho después vino el café y sin leche.  Las ganas de llorar, pero de asombro.    

viernes, 26 de septiembre de 2014


Hay escritores que nos invitan a entrar en un terreno de locura, no de locura como desvarío sino de lógica propia en la que el juego y el humor, siempre sutil, derrumban estanterías enteras de creaciones clásicas.  Es Baricco en todos sus escritos, Cortázar por supuesto, Calvino en Las cosmicómicas, Quignard en Butes, Borges en sus imaginarios impecables. 


Es esta la locura a la que algunos lectores se encaraman, al menos por un tiempo, sin exigir ni orden cronológico ni sucesión de ideas, sino todo lo contrario: fascinados de dejarse llevar por una forma de mirar en la que los contrarios se unen en madeja, un ver el mundo en el que todo se desorganiza como en la mejor de las realidades, mirado desde un prisma, desde una cámara antigua en la que en la que todos aparecíamos con los pies en el aire.  La locura que nos libera de las categorías y nos abre al espacio donde todo es a la vez posible e imposible.